Passivhaus

Los edificios de consumo casi nulo están recogidos por la Unión Europea en la Directiva 2010/31 relativa a la eficiencia energética de los edificios, que insta a todos los países de la Unión Europea a comenzar a construirlos a partir del 2019. En nuestra legislación ya se ha comenzado a adaptar el CTE a estas obligaciones.

Esta nueva normativa establece que la energía que consuman estas viviendas deberá ser generada a partir de fuentes renovables y exige también que el poco consumo de energía que puedan tener los edificios no afecte a la salud de sus habitantes.

Para hacer posibles proyectos arquitectónicos con esta sensibilidad, en Altermat hemos establecido como punto de partida y referencia, el estándar Passivhaus. El Passivhaus, o casa pasiva, es un estándar de construcción nacido en Alemania en 1991 que se ha ido extendiendo por el resto del mundo. Combina un elevado confort interior con un consumo de energía muy bajo y un precio asequible, gracias al máximo cuidado de la envolvente del edificio y a un sistema de ventilación controlado.

Los edificios Passivhaus consiguen reducir en un 75% las necesidades de calefacción y refrigeración. La poca energía suplementaria que requieren se puede cubrir con facilidad a partir de energías renovables, convirtiéndose en una construcción con un coste energético muy bajo para el propietario y el planeta.

Principio activo

La cafetera, conserva el calor aportando energía mediante resistencias eléctricas.

Principio pasivo

El termo, conserva el calor gracias a sus propiedades de aislamiento térmico.

Un edificio Passivhaus en el clima mediterráneo tiene que cumplir los siguientes parámetros:

Demanda máxima de energía útil para calefacción, 15 kWh/m2 por año.

Demanda máxima de energía útil para refrigeración, 15 kWh/m2 por año.

Consumo máximo de energía primaria para calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria (ACS) y electricidad, 120 kWh/m2 por año.

Este estándar no supone el uso de un tipo de producto, material o estilo arquitectónico específicos. Siempre y cuando se atiendan los principios de buena orientación y racionalidad en sus planteamientos, admite cualquier tipo de arquitectura mediante la optimización de los recursos existentes a través de técnicas pasivas.

Como por ejemplo un buen factor de forma, que reduzca la superficie en contacto con el exterior para disminuir las necesidades de climatización, una orientación correcta de las ventanas para aprovechar el calor del sol cuando están cerradas y la ventilación natural al abrirlas, o poner protecciones solares que impidan un sobrecalentamiento en verano, etc.

Inicialmente el estándar se aplicó a viviendas unifamiliares, pero cada vez son más las tipologías a las que se adapta el estándar pasivo: escuelas, guarderías, polideportivos, centros cívicos, iglesias, estaciones de bomberos, edificios de oficinas, piscinas... y, por supuesto, bloques de vivienda colectiva donde la relación superficie/volumen es más favorable.

Confortables

Su sistema de ventilación suministra de forma imperceptible el aire fresco necesario. Este aire es previamente filtrado en el recuperador de calor y, junto con el alto grado de aislamiento y la homogeneidad de las temperaturas de las superficies que envuelven las estancias (suelos-paredes-techos), evita la formación de humedades y la generación de mohos. Se consigue así un inmejorable confort acústico, térmico y de calidad del aire.

Asequibles

Teniendo en cuenta el ciclo de vida de los edificios, única forma de determinar sus costes reales, los edificios pasivos ahorran dinero. El ligero sobrecoste de su construcción (estimado entre un 5 y un 10% respecto de los edificios convencionales) se compensa en pocos años debido a la drástica reducción de su demanda de energía (hasta la décima parte).

Sostenibles

Un edificio pasivo requiere hasta un 90% menos de energía que un edificio convencional con la consiguiente reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera lo que lo convierte en una alternativa sostenible real frente al resto de construcciones convencionales.

Las 5 claves de un Edificio Pasivo:

Aumentar el espesor de los aislamientos reduce las pérdidas de calor en invierno, las ganancias de calor en verano y la demanda de energía para climatizar los edificios.

Las zonas más débiles de la envolvente son las ventanas. Por ello, es fundamental contar con carpinterías y vidrios de muy alta calidad con el fin de limitar al máximo la fuga de energía a través de ellas.

En los edificios convencionales el aire que se requiere en las estancias proviene de las infiltraciones que se producen a través de los encuentros de los elementos constructivos, a través de las ventanas y puertas o a través del paso de las instalaciones. En las casas pasivas esta entrada de aire se produce de una forma controlada lo que permite acondicionarlo de tal forma que el aporte se realiza en perfectas condiciones higiénicas, de temperatura y humedad.

La ventilación mecánica controlada con recuperación de calor es un sistema formado por dos circuitos: uno de entrada de aire fresco exterior y otro de salida de aire viciado interior. Ambos comparten un elemento común, el recuperador, en el que se aprovecha en más de un 80% el calor que transporta el aire viciado antes de ser expulsado y se transfiere al aire fresco exterior que, previamente filtrado, se atempera y se revierte a las estancias.

Un puente térmico se comporta en un edificio como un agujero en un cubo de agua: aumenta el flujo de calor entre el interior y el exterior del mismo modo en que el agua se derrama a través del agujero del cubo. En los edificios pasivos se controla de forma rigurosa la eliminación de los puentes térmicos.

La rehabilitación
con criterios pasivos: enerphit

La vida útil de un edificio es larga a escala humana. Esto hace que las intervenciones que realicemos para su mejora y buena vejez resulten rentables en el tiempo. Los avances en el conocimiento y en la tecnología posibilitan hoy en día llevar la eficiencia energética al extremo mediante la mejora de la envolvente y el máximo aprovechamiento de las ganancias térmicas exteriores e interiores. No utilizar estos recursos que tenemos a nuestro alcance significa hipotecar los edificios a nuevas intervenciones de rehabilitación y desaprovechar la oportunidad de garantizar una larga vida a nuestros edificios en unas condiciones de habitabilidad, funcionalidad y estética óptimas.

Está probado y demostrado que es posible una rehabilitación energética de edificios mediante componentes Passivhaus consiguiéndose todos los beneficios que su aplicación conlleva: mejora de la calidad del aire interior, mejora del confort térmico y acústico, reducción drástica del consumo energético y revalorización de los edificios.

El estándar Passivhaus establece unos requisitos muy exigentes en cuanto a la limitación de la demanda de energía y la hermeticidad en la construcción. Dadas las dificultades que la rehabilitación de un edificio existente conlleva, el estándar EnerPHit, centrado en la rehabilitación, permite una cierta flexibilidad en el rigor del Passivhaus, manteniendo sus principios y requiriendo la aplicación de soluciones específicas adaptadas a las peculiaridades de los edificios a rehabilitar.

En la construcción bajo el estándar Passivhaus podemos prescindir de los sistemas convencionales de calefacción y refrigeración: una única estrategia frente al frío del invierno y al calor del verano, el cuidado de la envolvente y la ventilación controlada, permiten su óptima climatización. Esto, unido al ahorro energético y a la disminución de las emisiones, hace de los edificios pasivos una gran inversión, asequible y sostenible.

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